DETERIORO Y CONSERVACIÓN IN SITU DE LA PIEDRA
Y LOS ESTUCOS
EN CONSTRUCCIONES ARQUEOLÓGICAS DEL ÁREA MAYA
Rudy Larios Villalta
La conservación in situ debe entenderse como la conservación de los bienes culturales en el lugar preciso en que fueron encontrados y comprende todas aquellas medidas protectoras que el arqueólogo y el conservador puedan poner en práctica antes, durante y después de la investigación. Esto incluye los tratamientos de rescate en artefactos que por su naturaleza movible no podrán
quedarse en el lugar mismo de su hallazgo.
En nuestro caso específico, piedras y estucos, lo estamos aplicando a monumentos arquitectónicos prehispánicos que al ser liberados por investigación y restauración arqueológica quedan expuestos al público visitante y como consecuencia al deterioro. Estos procesos de deterioro han venido siendo una gran preocupación para arqueólogos, conservadores, restauradores, químicos y, por supuesto, para las autoridades oficiales responsables de la preservación de los citados monumentos. No obstante y lamentablemente hasta hoy, no tenemos una fórmula que lo detenga a pesar de muchos años de experimentación.
En una de mis visitas a Xunantunich el año pasado, en mi carácter de consultor para el Instituto de Conservación Getty, tuve la oportunidad de encontrarme con Luciano Cedillo, director del Departamento de Restauración del INAH de México, quien me comentó que un caso similar de deterioro se presenta a el sitio Kohunlich. Ellos han determinado la presencia de sales en el proceso deteriorante pero, en el caso de Xunantunich y Tikal, lo que nosotros sabíamos es que la piedra de construcción es carbonato de calcio, sin sales de ninguna clase.
Sin hacer mucho caso de los análisis previos, dispusimos poner en nuestra boca pedacitos de la piedra deteriorada y para mi sorpresa su sabor era salado. La pregunta forzada fue ¿de dónde viene la sal?, aún no lo sabemos a ciencia cierta, pero creo que podrían venir de los lodos utilizados por los Mayas en sus rellenos como aglutinantes de construcción. Esto aclaró un poco mi pensamiento pues las "sales disueltas migran hacia las partes más calientes, mientras que el agua se mueve hacia las partes más frías" (Stambolov y Van Asperen de Boer 1976) y por consiguiente, al depositarse sobre áreas secas, se cristalizan y causan destrucción. Si el área es húmeda, la sal no logra cristalizar y por lo tanto se aleja sin hacer daño o simplemente no llega nunca.

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